El grito

En vano
tratas de replicarte,
reproducirte,
creando copias diferentes
de lo que es un único yo.

Escondes
tus ojos tras un manto escarlata
de horizontes sin salida
planeando sobre escenas
que nunca te atreviste a representar,
mientras se van secando
por las lágrimas internas,
profundas, que derramas,
y que, torpemente, te niegas a enjugar.

Tu boca es una mueca
que va mutando a cada instante,
balbuceando de alegría,
sonriendo de dolor,
derramando espuma frágil y sonora
que simula un lamento, un gemido,
una tenue y extinguida…

Gritas
y el vacío te la devuelve
letal y exacta como tanto temías,
un espejo fiel y perverso,
porque asumes que en el fondo
solo el eco sabe cómo suena tu auténtica voz.

Keral

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2 pensamientos en “El grito

  1. Me gusta mucho el poema, es inquietante, luego muy gráfico, y el final…muy conmovedor. La imagen que más me ha llamado ha sido la boca que derrama “espuma frágil y sonora”.
    (Por cierto, hace tiempo me vi obligado a usar la expresión “enjugar las lágrimas”, es bastante confusa, pero decirte que es “enjugar” y no “enjuagar”, que tiene otro significado. Al menos creo que quieres usarla en ese sentido.)

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