El último asalto

Sin saber por qué, le di un puñetazo.
Empezó el último asalto y mi sangre cubría el cuadrilátero. Los insultos de la muchedumbre, cabreada por el espectáculo lamentable que estaban viendo, me taladraban el cráneo mientras las palabras del entrenador resonaban en mi cabeza : “vamos, aguanta, no ataques, no se te ocurra cagarla.”
Volví a mi estrategia: moverme en círculos y protegerme.
Corría el último minuto y todo el público silbaba. Treinta segundos, veintinueve… Se acercaba el momento acordado.
Y entonces él tuvo que atragantarse. No se cómo diablos lo hizo, pero empezó a ahogarse con su propio protector dental y le golpeé. Le golpeé,  sin pensarlo, en mitad del estómago. con todas las fuerzas que había estado controlando durante once asaltos, en el instante justo en el que yo debía recibir el puñetazo que me noquease y le diese a él la victoria. 

Salvé su vida, gané la pelea… y perdí un millón de dólares.

Keral

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