El pastor de nubes

Dedicado a Eduardo Galeano.

Amador Luna era ya anciano cuando mis pasos acabaron encontrándose junto a su sombra. 

Me contó que era pastor de nubes y que había varios como él repartidos por el mundo, en lugares estratégicos situados cada varios cientos de kilómetros. Cada uno se encargaba de una franja del cielo y las movían, removían, agitaban y agrupaban  todos los días menos los nublados, que era cuando descansaban.

  • ¿No te has fijado en que, de vez en cuando, hay personas que miran muy atentas hacia el cielo? – me dijo-.  Esos somos los pastores de nubes. Nos encargamos de darles forma, movimiento, agrupar a las más perezosas y recoger a las más rezagadas. Las moldeamos haciendo esculturas, pero claro, duran solo unos segundos. Las nubes son muy volátiles y revoltosas y no se dejan esculpir tan fácilmente como el mármol o la madera.

Con cierta fascinación e incredulidad, le pregunté:

  • Pero… ¿y los días nublados, los de lluvia?
  • Los días de lluvia es cuando se reúne la tribu entera, bailan, saltan unas contra otras, hacen fiestas, abren champán y, cuando la fiesta está más animada, las copas se derraman y caen sobre nuestras cabezas.

 

Keral

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